La Alhambra es hoy el mejor tesoro que guarda Granada. Disfrutar de su belleza recorriendo las estancias palatinas, profundizando en los aromas surgidos de sus patios y jardines, deleitarse en los lugares de luz y color que ofrecen sus ornamentados salones y recrear la mirada con sus impresionantes vistas del Albaicín y la Vega, constituyen todo un privilegio para los sentidos.
La Alhambra está situada en el borde occidental de la cordillera Penibética, al noroeste de Sierra Nevada y mirando a la Vega del Genil. Esta posición límite entre dos unidades territoriales y paisajes muy diferentes es, quizá, una de sus principales características, por un lado su aislamiento y por otro su altitud hacen de ella un lugar muy especial.
El Palacio de Carlos V fue construido adosado al conjunto de palacios nazaríes como residencia imperial (Carlos V ostentaba el título de emperador). Su emplazamiento en la Alhambra estuvo determinado por dos razones. Después de la conquista cristiana de la ciudad, el conjunto de palacios de la Alhambra formó parte del patrimonio real, y éste se había convertido en un símbolo del poder de la monarquía. El palacio es uno de los ejemplos más significativos del Renacimiento italiano fuera de Italia. Su planta (un patio circular inserto en un cuadrado) suponía una gran novedad formal en la arquitectura del siglo XVI y también representaba los ideales de perfección universal para los intelectuales de la época. Aunque sus fachadas parecen idénticas, no lo son por la diferente composición de sus portadas, que indicaban la distribución interior del edificio en dos “casas” separadas: una para el emperador, y otra, dominada por un gran mirador orientado al S, para la emperatriz.
El Museo de la Alhambra ocupa el ala Sur de la planta baja del palacio. Se distribuye en siete salas ordenadas cronológicamente. Es un museo monográfico, es decir, dedicado a un único tema; en este caso, la cultura y el arte hispanomusulmán. El museo se creó a partir de 1870 para custodiar los numerosos testimonios arqueológicos recogidos por la Comisión Provincial de Monumentos. En 1962 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán y desde 1994 quedó adscrito al Patronato de la Alhambra y Generalife. Desde ese momento se trasladó a su ubicación actual y se ordenó la colección según las exigencias de la museología contemporánea.


